La corresponsabilidad de los ciudadanos:sufragio censitario y proporcionalidad.

Esta tarde planteo el eterno dilema político. Más que economía, refleja filosofía, lo que os quiere decir este artículo.

Una democracia, dícese gobierno del pueblo, pero sin el pueblo añadiría yo, parafraseando aquel viejo eslogan del despotismo ilustrado, ha naufragado , y los ciudadanos se disponen a reclamar lo que nunca entendieron, hasta que vieron y ven, que el toro embiste mucho y cuando era vaquilla, todos los ciudadanos jalonaban, y reían entusiastamente , sin preocuparse de que el toro se alimenta y crece y embiste cada vez más . Lo de prevenir antes que curar viene muy a cuento.

El anquilosamiento de la normativa en tiempos de vanagloria, ha impedido parte de la flexibilización necesaria que hubiese ayudado en este proceso adaptativo, sin traumas sociales. ¿Entienden lo que quiero decir verdad?.

Quizás tenían razón allí por el siglo XVIII,  cuando decían que el pueblo no está preparado para tomar decisiones trascendentes y no todos los votos deben ser unitarios añado yo. En la práctica una suerte de sufragio censitario podriamos definirlo, basado en criterios de proporcionalidad.

La capacitación para votar debería estar regulada, y para ser elegido también. Paradojicamente en los “paraísos normativos” que son los países “desarrollados”, donde se regula la vida cotidiana al detalle, no se regula temas trascendentes, más allá de ser elegible y elector cumplidos los 18 años, y nacional  (sufragio pasivo, sufragio activo).

Nadie reclama esta piedra filosofal, donde haya un criterio baremado para optar o no optar a ser elegido y para ponderar en su “justa medida” el voto de cada ciudadano. Definir los criterios de este sistema, sería cuestión de politologos y sociólogos. Si quieren ideas para pensar en ello, que partan de este artículo,  y les guiará en su definición.

La proporcionalidad debe ponderar “los esfuerzos ciudadanos” por comprender aquello para lo que han de votar. Una cualificación del voto en definitiva, garantizaría menos efectos perniciosos sociales.

Hasta ahora la proporcionalidad o no proporcionalidad de los votos, la marca la ley D`hont y sólo afecta a la transformaciòn de votos en escaños por territorio, de tal manera que un territorio disperso en población y extenso geográficamente, requiere mayor número de votos, que un territorio diminuto geográficamente con concentración demográfica, para conseguir el mismo premio: un escaño. Nada más lejos de mi concepto de proporcionalidad en el voto, no el reparto de escaños.

La proporcionalidad, significa un factor corrección de la democracia imperfecta , en la que me a juicio, ahora mismo nos encontramos.

La proliferación de partidos “emergentes” de toda índole, ante la inoperancia de los partidos tradicionales, para resolver el “nudo vital” que ahora coarta todas las decisiones, es decir la economía, se debe al “hueco de mercado” que la sensatez y la tranquilidad ciudadana otrora, no hubieran permitido. Este escenario hace más urgente si cabe la regularización normativa de votantes y votados. Para evitar las perversiones del sistema que la inestabilidad social y económica provoca.

Las características que definen a estos partidos “emergentes”, tienen ciertas reminiscencias “viscerales” y generan alarma social. Pero el caldo gordo está hecho, y aventuro, las minorías serán relevantes y “contribuirá a la mejora democrática” dentro de su imperfección, pero si cabe tambien aportará “mayor inestabilidad”. La corresponsabilidad de los ciudadanos está servida, y de aquellos polvos vienen estos lodos.

La corresponsabilidad ciudadana: dícese de las consecuencias de sus actos.

La mercadocracia, y la mentira colectiva democrática

Son tiempos proclives a la meditación, a la reflexión, a los pensamientos “puros” , en la esencia en definitiva. La mentira colectiva en la que la sociedad está instalada, parece ser el aldabonazo para nuestras reflexiones vitales y llegamos a pensar que lo que “imaginamos” en la dolce vita, se depura y se simplifica en la “bad life” que de una u otra manera acecha a la ciudadanía, y esa sensación de miedo, que lo invade todo en la actualidad. El miedo, la falta de ambición por mejorar, crecer y “conservar” unas pocas migajas que la sociedad “nos privilegia” con concedernos. Y este conformismo social es obra y gracia de la mercadocracia, en una democracia por esencia los derechos y la libertad reinan, pero no es el miedo quien gobierna la vida de los ciudadano, y el caracol en su caparazón, empezando por los propios bancos, que “lavan sus cuitas financieras” protegiendo su casa, a costa de la población (demo) y el gobierno (cracia) , casualidad procedente del Griego (paradojas de los mercados y Europa). Por esta razón la democracia a mi juicio hoy en día se ha convertido en una endelequia, y la economía, mal enfocada, se ha convertido en mercadocracia. A las elecciones no se presentó el partido del miedo pero ha ganado y seguirá ganando frente al aletargamiento social. Parece que la claridad ha vuelto a nuestras conciencias. Europa recupera la verdad y no la mentira social. Esta es tu misión y la de los países que la conforman, hasta ahora sumisos a la mentira colectiva que representan palabras como apalancamiento, subprime, burbujas, expectativas, palabras que reflejan la sensación de castillos en el aire , de humo, de mentira, en la que sociedad se mueve.